Los enemigos del comercio I (Espasa Forum)

Los enemigos del comercio I (Espasa Forum)

Antonio Escohotado

Language:

Pages: 626

ISBN: 2:00365853

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


La aparición de la sociedad de consumo es un hecho muy reciente, precedido por dos milenios de modelos sociales hostiles a ella. Sin embargo, su éxito ha sido tan completo que unas pocas décadas han bastado para borrar no sólo muchas instituciones, sino hasta el recuerdo de sus alternativas morales y prácticas. Se nos ha olvidado, por ejemplo, que el fundador del cristianismo empezó y terminó su vida pública expulsando a mercaderes, e incluso que desde mediados del siglo XIX a finales del XX no hubo cuestión moral y política comparable al comunismo. ¿Quiere esto decir que hemos pasado página definitivamente? Antonio Escohotado plantea la pregunta sin dogmatismo, repasando con lupa de entomólogo las situaciones y los argumentos opuestos al tipo de mundo en el que acabamos de instalarnos. Tras localizar el complejo que precipitó la idea del comercio como un mal infeccioso, pasa a describir sus altibajos desde la civilización grecorromana hasta el día de hoy. Este análisis supone compartir con el lector una larga peripecia, donde algo que ayuda a entender nuestros orígenes tiene también el color insuperable de lo real. Los enemigos del comercio ofrece la primera historia completa del comunismo, que al ir contextualizando sus etapas expone la evolución paralela del individualismo y el pensamiento liberal.

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lucrativa de unos contratos que les reportaban dinero o nuevas prendas, y excluir a otros prestamistas se basaba en acusarles del pecado y delito de usura, porque la fuente de sus rentas era �cierta cosa y no un dinero»21. Pero a semejante artificio contestan las notarías con el contrato de cambio, donde el deudor declara haber recibido una suma no por préstamo («mutuo») sino in nomine cambio. Cierto dinero aquí y ahora puede generar —en otro aquí y ahora— tales o cuales bienes. La necesidad

ingleses tenemos muchos impuestos que vosotros no tenéis; pero el tercer estado, el pueblo, no los paga; solo pesan sobre los ricos. En mi país se paga por cada ventana, pero quien tiene en su casa solo seis no paga nada. El señor paga el vigésimo y la talla, pero el modesto propietario de un huerto no paga nada. El rico paga por sus caballos, carruajes y criados, incluso por gozar de la libertad de disparar sobre sus propias perdices, pero el pequeño propietario está exento de todas esas cargas.

norteamericana, sancionando de paso la viabilidad del ambicioso plan diseñado años antes por Luis XVI y su primer ministro Vergennes: consolidar un imperio colonial y a la vez mantenerse como primera potencia militar europea. Marino por vocación, el monarca es en buena medida responsable de que Francia tenga ahora en Brest los astilleros más modernos. La victoria sobre Inglaterra resulta dulce en todos sentidos, ya que permite interrumpir esa fuente de gasto, presenta al país como campeón en la

gastos militares, pues si los territorios siguieran siendo nacionales deberían ser defendidos de Inglaterra. Jefferson deduce que el Primer Cónsul de la Francia tan admirada por él33 no es solo un tirano sanguinario, sino un bufón acuciado por la indigencia. Por lo demás, Napoleón tiene en la más alta estima el derecho de propiedad, que regula de modo generoso y exhaustivo en su Código civil. Acierta plenamente cuando piensa que esa compilación resulta más meritoria y duradera que ganar sesenta

intereses (usurae) atrasados y descontasen del principal los ya satisfechos, con un quebranto próximo a la cuarta parte de sus previsiones. Para reducir en el futuro los riesgos, decretó que ningún romano podría comprometer más de la mitad de su patrimonio inmobiliario en operaciones que implicasen el devengo de intereses. Dos décadas más tarde el precio del dinero en Roma —exorbitante desde las primeras noticias— es inferior a dos dígitos, y hay un novus homo dedicado a los negocios. César ha

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